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D on Antonio, ¿cómo ve que Cuauhtémoc Blanco ahora quiere ser candidato a presidente municipal?, le pregunté a La Tota en su vidriería en el Barrio de San Juan de Dios. “Con trabajo sabe hablar, hazme el favor” La Tota en su vidriería. dice y suelta una carcajada el exjugador del Club León, conocido también como “El cinco copas”. Don Toño está convencido de que se puede ayudar sin necesidad de reflectores. Hoy visité a don Antonio “La Tota” Carbajal con un objetivo que no logré. Hablar de mis intenciones ahí está de más porque una hora después de platicar con él, mi corazón palpitaba fuerte, porque obtuve algo mucho mejor. Sorpresivamente me topé, además de experiencias, con sabiduría, la misma que le han dado no solo sus 85 años, sino sus más de 18 de trabajar con jóvenes drogadictos. Yo creo que personas como don Antonio hacen falta en este mundo a veces tan desanimado, tan saturado de malas noticias, tan superficial. Yo no sé nada de futbol, ni me encanta. Tampoco soy a...

Me gustan mis hombros

Me gustan mis hombros Me gustan mis hombros. Desde hace 28 años que viajan conmigo, han soportado peso, carga, han hecho lucir las blusas y también se han quemado por el sol, y hasta hoy concluí que me gustan. Y es que mis hombros no son cualquier hombro. Tienen una simetría a mi gusto, perfecta.  Mi reencuentro con ellos fue en el baño, mientras me lavaba las manos. Me miré al espejo y noté un bronceado que definitivamente no adquirí en mi último viaje a la playa. Tienen un tono morenito diferente, cafecito pero brillante. Absorbieron el sol que me pega cuando salgo a correr. Qué chulos.  Mientras el agua caía sobre mis dedos no dejé de observarlos y pensaba en cómo a veces no nos damos cuenta de las cosas que tenemos aunque estén todos los días ahí. Pero siempre esperan pacientes a ver a qué hora las vemos. Cerré la llave y me incorporé frente al espejo. Me pare derechita y no los perdí de vista. Tienen una forma redondita, que dejan caer el brazo con elegancia...

La resurrección del grillo

Desde hace meses un pensamiento me inquietaba. Era como punzaditas en la sien. Como de esas veces que sabes que algo no estás haciendo bien, o para acabar pronto, algo estás dejando de hacer, algo importante. Ahora que lo reflexiono, ese pensamiento era como el Pepe Grillo de Pinocho. Sentía que una vocecita me aconsejaba al oído, como cuando te "secreteas" con los amigos de la primaria tapándote la boca y el oído del otro para que nadie más escuche. Una y otra vez, una y otra vez. "Psss, psss...ey... Noemí, hazme caso... ey tuuuú... sorda..." y nada que lo pelaba. Leía el periódico por las mañanas y se aparecía: "aquí estoooy, ey sí tú", y yo según en mi papel de comunicóloga, trataba de concentrarme en la lectura. Seguía ignorándolo. Por la noche llegaba a la casa y oootra vez ese "tic tac, tic tac" que no me dejaba.  "Escribe", me decía la conciencia. "Escribe", escuchaba a cada rato. Sí, desde hace más de un año que que...